jueves, 22 de abril de 2010

¿A mí? ¿Me llamó a mí?

Esperé mucho este momento. Desde chico sueño con ser parte de un equipo de primera división, tener la pechera delante y la camiseta con el número elegido detrás.

Parece increíble pensar en todo el tiempo que paso hasta hoy. Las complicaciones económicas desde chico y el sacrificio de mis padres para poder ir a entrenar. Trabajando al máximo de sus fuerzas para que no falte nada en casa y pueda continuar entrenando.

La dificultad de complementar el estudio con el fútbol y esa presión, grata presión que me impusieron mis padres para no dejarlo y en la pared de mi cuarto está ese título tan luchado.

El sueño está a punto de cumplirse, el partido ya arrancó y mis nervios no cesan. La confusión se generó dentro de mí: alegría por estar mirando el partido siendo parte del equipo pero no me conformaba, quería entrar y demostrar lo que aprendí en todo este camino transitado.

El partido seguía y los recuerdos corrían por mi mente. Mi primera pelota, mi primera camiseta de Huracán, mis primeros botines con los cuales rompí el primer vidrio de la puerta del patio.

El primer partido en inferiores. Mi primer gol en la novena división, sobretodo teniendo en cuenta que para un lateral como yo quedar sólo frente al arquero no era nada normal y me temblaba desde la rodilla hasta el dedo gordo del pie.

El entretiempo llegó y la charla del entrenador fue convincente. El empate en el clásico no servía. En el segundo tiempo debíamos salir a la cancha a ganar el partido. Mi primer charla en un vestuario, en el partido contra San Lorenzo en el Tomás Adolfo Ducó.

Comenzó el segundo tiempo y llegó el momento tan esperado. “Los suplentes a precalentar” dijo el entrenador y mis pies salieron despedidos. Trotando, elongando, estirando… El tiempo pasaba y la ilusión disminuía dentro mío. La arena ya se filtraba en ese reloj. Casi ya no había nada en la parte de arriba.

El empate parecía que no se iba a cambiar pero… “Vos… Vení que entrás”… ¿A quién le habla? ¿A mí? Miré alrededor y no había nadie más era a mí. El sueño se cumple y comienza la realidad.

El cartel en el cielo con el número 27… Mi número. El aplauso de la gente, la palmada en el pecho y el verde césped me invitó a pasar.

Moraleja: No importa la situación que vivas o hayas vivido. Las oportunidades llegan y en ese momento las experiencias de tu vida van a cobrar importancia. Cuando llegue ese día debes estar preparado. Y el final… El final nuevamente depende de vos.

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