¿Quién no soñó alguna vez con estar debajo del arco en esa final de torneo y definirlo, gritar el gol y subirse al alambrado? Es el sueño de todo jugador y de todo hincha del más rústico al más lírico convertir un gol y qué situación mejor que el balón en el área y el arco delante ¡sin el arquero!
Lo paradójico es que muchos en esos momentos dudan y aún han errado en esa posición tan favorable ya sea porque piensan demasiado o hasta por el asombro de estar en ese sitio. Claro que no transforma a éstos en malos jugadores o “pechofríos”, ¿o sí?
Hay una sola certeza en esta cuestión: hasta que la pelota no entra al arco no se puede festejar. Ya sea con un arquero adelante, con defensores o el arco vacío está en los pies del jugador que esa pelota pueda convertirse en ese gol que deje difónico y emocione al hincha. Está en la decisión de esa persona que la redonda toque la red.
Aquí nos encontramos con la vida cotidiana. Muchas veces hay que tomar decisiones, fáciles o difíciles, que van a cambiar nuestra vida. Las dos posibilidades existen: se puede tropezar y que el esférico tome el camino contrario y en ese contraataque sea el gol del equipo contrario o rematar el balón con todas sus fuerzas sin importar la dificultad de la situación y definitivamente llenarse la garganta de ese grito de gol.
En la vida, en lo cotidiano muchas veces va a estar el mejor arquero, el mejor defensor o el arco vacío pero depende de cada uno que eso sea un escollo o una posibilidad de lograr una hazaña, de lograr el objetivo.
viernes, 9 de abril de 2010
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