Hay momentos en la vida y en este hermoso deporte en los que uno desearía que la tierra lo tape completo y que por un largo tiempo no sea visto por nadie. Pero por desgraciada eso no va a ocurrir porque demoraríamos mucho en hacer el pozo, ya sea en una vereda o en el verde césped, y no sería muy estético.
Ibas a despejar una pelota decisiva del área pero un “pequeño” pozo generó un mal pique de la pelota y un posterior gol del adversario. Sí, son cosas que pasan (pero que no deben pasar).
Faltan cinco minutos para que termine el partido, tu equipo pierde por la mínima diferencia y en un exceso de tenacidad en lugar de llevarte la pelota te llevas el tobillo de tu oponente y una cartulina rojiza, bordo en manos del árbitro te manda antes a las duchas. Y sí, es típico de un deporte de contacto (pero no era el momento para que ocurra).
Dos ejemplos claros que desembocarán en críticas y cuestiones de esa índole que lo que harán es desanimarte, desalentarte, etc. Allí se pueden tomar dos decisiones: dejás el fútbol y te dedicas a grabar una serie como “Botineras” dónde con suerte te toca un papel que al menos hable o seguís para adelante, tomas ese error como un impulso tremendo hacía adelante, reflexionas en eso, “le pones el pecho a las balas” y te animás a continuar.
Esto se expresa en la frase popular: “Un tropezón no es caída” pero vaya que duele. En la vida pasan situaciones así también que llevan a cuestionarte muchas cosas pero no hay nada mejor que poder superarlas y poder ver la enseñanza que te quiere dejar esa equivocación para el futuro próximo y lejano que te espera a la vuelta de la esquina.
miércoles, 28 de abril de 2010
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