miércoles, 28 de abril de 2010

¡Justo a mí me tenía que pasar!

Hay momentos en la vida y en este hermoso deporte en los que uno desearía que la tierra lo tape completo y que por un largo tiempo no sea visto por nadie. Pero por desgraciada eso no va a ocurrir porque demoraríamos mucho en hacer el pozo, ya sea en una vereda o en el verde césped, y no sería muy estético.

Ibas a despejar una pelota decisiva del área pero un “pequeño” pozo generó un mal pique de la pelota y un posterior gol del adversario. Sí, son cosas que pasan (pero que no deben pasar).
Faltan cinco minutos para que termine el partido, tu equipo pierde por la mínima diferencia y en un exceso de tenacidad en lugar de llevarte la pelota te llevas el tobillo de tu oponente y una cartulina rojiza, bordo en manos del árbitro te manda antes a las duchas. Y sí, es típico de un deporte de contacto (pero no era el momento para que ocurra).

Dos ejemplos claros que desembocarán en críticas y cuestiones de esa índole que lo que harán es desanimarte, desalentarte, etc. Allí se pueden tomar dos decisiones: dejás el fútbol y te dedicas a grabar una serie como “Botineras” dónde con suerte te toca un papel que al menos hable o seguís para adelante, tomas ese error como un impulso tremendo hacía adelante, reflexionas en eso, “le pones el pecho a las balas” y te animás a continuar.

Esto se expresa en la frase popular: “Un tropezón no es caída” pero vaya que duele. En la vida pasan situaciones así también que llevan a cuestionarte muchas cosas pero no hay nada mejor que poder superarlas y poder ver la enseñanza que te quiere dejar esa equivocación para el futuro próximo y lejano que te espera a la vuelta de la esquina.

jueves, 22 de abril de 2010

¿A mí? ¿Me llamó a mí?

Esperé mucho este momento. Desde chico sueño con ser parte de un equipo de primera división, tener la pechera delante y la camiseta con el número elegido detrás.

Parece increíble pensar en todo el tiempo que paso hasta hoy. Las complicaciones económicas desde chico y el sacrificio de mis padres para poder ir a entrenar. Trabajando al máximo de sus fuerzas para que no falte nada en casa y pueda continuar entrenando.

La dificultad de complementar el estudio con el fútbol y esa presión, grata presión que me impusieron mis padres para no dejarlo y en la pared de mi cuarto está ese título tan luchado.

El sueño está a punto de cumplirse, el partido ya arrancó y mis nervios no cesan. La confusión se generó dentro de mí: alegría por estar mirando el partido siendo parte del equipo pero no me conformaba, quería entrar y demostrar lo que aprendí en todo este camino transitado.

El partido seguía y los recuerdos corrían por mi mente. Mi primera pelota, mi primera camiseta de Huracán, mis primeros botines con los cuales rompí el primer vidrio de la puerta del patio.

El primer partido en inferiores. Mi primer gol en la novena división, sobretodo teniendo en cuenta que para un lateral como yo quedar sólo frente al arquero no era nada normal y me temblaba desde la rodilla hasta el dedo gordo del pie.

El entretiempo llegó y la charla del entrenador fue convincente. El empate en el clásico no servía. En el segundo tiempo debíamos salir a la cancha a ganar el partido. Mi primer charla en un vestuario, en el partido contra San Lorenzo en el Tomás Adolfo Ducó.

Comenzó el segundo tiempo y llegó el momento tan esperado. “Los suplentes a precalentar” dijo el entrenador y mis pies salieron despedidos. Trotando, elongando, estirando… El tiempo pasaba y la ilusión disminuía dentro mío. La arena ya se filtraba en ese reloj. Casi ya no había nada en la parte de arriba.

El empate parecía que no se iba a cambiar pero… “Vos… Vení que entrás”… ¿A quién le habla? ¿A mí? Miré alrededor y no había nadie más era a mí. El sueño se cumple y comienza la realidad.

El cartel en el cielo con el número 27… Mi número. El aplauso de la gente, la palmada en el pecho y el verde césped me invitó a pasar.

Moraleja: No importa la situación que vivas o hayas vivido. Las oportunidades llegan y en ese momento las experiencias de tu vida van a cobrar importancia. Cuando llegue ese día debes estar preparado. Y el final… El final nuevamente depende de vos.

viernes, 9 de abril de 2010

La pelota abajo del arco, el arquero vencido y…

¿Quién no soñó alguna vez con estar debajo del arco en esa final de torneo y definirlo, gritar el gol y subirse al alambrado? Es el sueño de todo jugador y de todo hincha del más rústico al más lírico convertir un gol y qué situación mejor que el balón en el área y el arco delante ¡sin el arquero!

Lo paradójico es que muchos en esos momentos dudan y aún han errado en esa posición tan favorable ya sea porque piensan demasiado o hasta por el asombro de estar en ese sitio. Claro que no transforma a éstos en malos jugadores o “pechofríos”, ¿o sí?

Hay una sola certeza en esta cuestión: hasta que la pelota no entra al arco no se puede festejar. Ya sea con un arquero adelante, con defensores o el arco vacío está en los pies del jugador que esa pelota pueda convertirse en ese gol que deje difónico y emocione al hincha. Está en la decisión de esa persona que la redonda toque la red.

Aquí nos encontramos con la vida cotidiana. Muchas veces hay que tomar decisiones, fáciles o difíciles, que van a cambiar nuestra vida. Las dos posibilidades existen: se puede tropezar y que el esférico tome el camino contrario y en ese contraataque sea el gol del equipo contrario o rematar el balón con todas sus fuerzas sin importar la dificultad de la situación y definitivamente llenarse la garganta de ese grito de gol.

En la vida, en lo cotidiano muchas veces va a estar el mejor arquero, el mejor defensor o el arco vacío pero depende de cada uno que eso sea un escollo o una posibilidad de lograr una hazaña, de lograr el objetivo.

lunes, 5 de abril de 2010

La metáfora del gol y el buen juego

En un deporte como el fútbol, en el cual existe una discusión inmemorial respecto al estilo de juego, está claro que el objetivo primordial es ganar. Pero para ganar se puede llegar de distintas maneras: una de ellas es el buen juego, otra a través de un esquema “picapiedra” y los montones de grises que hay entre ambos.


Pero lo que no puede discutirse es que el objetivo primordial de este deporte es convertir goles, sino nunca se puede ganar.


Pero no para todos los equipos es fácil lograr esto, muchos juegan demasiado bien pero hasta tres cuartos de cancha. Al llegar al arco contrario no saben que hacer y nunca definen y necesitan un verdadero milagro y a pesar del buen juego nunca serán recordados porque serán mas los partidos que pierdan que los que ganen por carencia de definición.


A otros equipos más “picapiedras” no les cuesta tanto, no quiere decir que no presenten un buen juego y que el gol sea una consecuencia de esto, pero la gran diferencia con el equipo anterior es que tienen más experiencia y a partir de ésta llegan al área rival. Son equipos goleadores y que sin vislumbran a propios y ajenos será recordado por sus logros.


Metáfora: Tanto en el fútbol como en la vida importa la manera de llegar pero lo importante es hacer el gol.

Presentación

Este será un espacio donde el fútbol se convertirá en un gran intérprete de la realidad, de la misma vida cotidiana.
Esto esta pensado para aquellos que en cada situación del diario vivir tienen una metáfora al instante que pueden relacionarla con este deporte.

Si sos fanático de este deporte, este espacio está dedicado para vos.

Abrazo de gol para todos los que formen parte de este blog.